Formación en Omega-3

Biblioteca científica

Importancia del Omega-3 para el Desarrollo Cerebral y Visual

DHA y EPA Durante el Embarazo, Lactancia e Infancia

El desarrollo fisiológico del feto depende de forma decisiva de la nutrición materna, hecho que asegura el correcto aporte de nutrientes. Los ácidos grasos Omega-3 de cadena larga, y especialmente el DHA, son vitales durante el embarazo, sobre todo durante el tercer trimestre. Durante este periodo tiene lugar un intenso y rápido desarrollo cerebral que conlleva una elevada demanda de DHA. Del mismo modo, durante este periodo, el desarrollo de la retina y sistema visual también hacen necesario un aporte suficiente de DHA para la formación de estas estructuras. Pero además del DHA, el aporte de EPA también es necesario para aumentar la neurotransmisión por Dopamina, Serotonina y Melatonina, y para el fortalecimiento del sistema inmunitario, previniendo alteraciones posteriores en la infancia como alergias, asma o eczema.

En este sentido, se llevó a cabo un ensayo clínico aleatorizado con placebo con 736 mujeres embarazadas a las que se les administró durante el tercer trimestre del embarazo 2,4 g de Omega-3 (55% EPA y 37%DHA) para analizar la incidencia de asma sibilancias en los niños. Se concluye que, a los 3 años de vida de los niños, la suplementación de las madres con Omega-3 reduce un 30% el riesgo de que los niños padezcan asma y/o sibilancias frente al grupo de madres embarazadas a las que les fue administrado placebo [1]. En la misma línea, se realizó otro estudio con 706 niños cuyas madres están en riesgo de concebir hijos con alergias alimentarias o eczema durante el primer año de vida. Para ello se llevó a cabo una suplementación diaria con 800 mg de DHA y 100 mg de EPA desde la semana 21 del embarazo o placebo. Los resultados de este estudio concluyen que la suplementación con Omega-3 durante el embrazo disminuye el riesgo de que los niños desarrollen alergia al huevo en un 31% y eczema [2].

Pero, además, la suplementación con DHA durante el embarazo reduce el riesgo de preeclampsia y parto prematuro. Un metaanálisis de 70 estudios clínicos con 19.927 mujeres embarazadas a las que se les administró Omega-3 enriquecido en DHA concluyó no solo su eficacia para prevenir el parto prematuro, sino que además previene el nacimiento de bebes con bajo peso y el riesgo de muerte perinatal [3].

Sin embargo, la alta demanda de DHA y EPA continúa durante la lactancia y posteriormente en la Infancia, debido a que continúa el desarrollo y maduración de estructuras cerebrales necesarias para el aprendizaje, consolidación de la memoria, gestión de las emociones y memoria emocional, aprendizaje y coordinación motora. Así mismo, la ingesta de DHA para el correcto desarrollo y maduración del sistema visual continúa siendo necesario durante la infancia en cantidades superiores a los 250 mg/día, ya que la retina no competa su desarrollo hasta los doce años.

Los resultados de un ensayo clínico aleatorizado con placebo ponen de manifiesto que la suplementación con DHA durante la lactancia es eficaz para aumentar la cantidad del DHA en la leche materna, y por tanto en el feto, además de disminuir el cociente omega-6/omega-3 en el plasma del neonato, un factor de riesgo para el desarrollo de alergias y trastornos psiquiátricos. El estudio se llevó a cabo con 89 mujeres lactantes de 4 a 6 semanas post-parto a las que se les administró 200 mg de DHA, 400 mg o placebo [4].

Una revisión sistemática de 7 ensayos clínicos aleatorizados con 534 niños y adolescentes afectados de TDAH (trastorno de atención e hiperactividad) concluye que la suplementación con ácidos grasos Omega-3 DHA y EPA mejora los síntomas clínicos y cognitivos de estos pacientes con bajos niveles de Omega-3 en plasma [5]. En la misma línea, otro ensayo clínico llevado a cabo con 92 niños y adolescentes de entre 6 y 18 años afectados de TDAH y con bajos niveles de EPA en plasma, demostró que la suplementación con 1,2 g de EPA al día produce una mejoría en los síntomas cognitivos, además de corregir los niveles de hiperactividad e impulsividad [6].

Por su parte, otro estudio clínico llevado a cabo con 565 niños de entre 3 y 17 años puso de manifiesto que los bajos niveles de EPA y DHA, así como elevados niveles de Ácido Araquidónico (AA) en membrana de eritrocitos se correlaciona con el riesgo de que los niños padezcan TDAH, o incluso trastornos autistas [7].

 

En relación con el autismo infantil, varios ensayos clínicos han descrito efectos terapéuticos de la suplementación con DHA y EPA en niños con trastornos de autismo, donde se ha observado que la restitución del equilibrio Omega-6/Omega-3 disminuye las síntomas cognitivos, emocionales y sociales [8,9]

 

También se ha documentado que la suplementación con Omega-3 en niños con comportamientos agresivos y antisociales mejora de forma notable estas conductas. Recientemente se han publicado los resultados de un estudio clínico aleatorizado con placebo llevado cabo con 324 niños y niñas agresivos y antisociales que fueron suplementados con 840 mg de Omega-3 (300 mg DHA, 300 mg EPA, 180 mg ALA y 60 mg de DPA (ácido docosapentaenoico)) durante 6 meses. Los resultados mostraron que la suplementación con Omega-3 es eficaz en la reversión del comportamiento agresivo y antisocial en niñas, así como en niños y niñas con un perfil psicopático [10].

 

 

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Papel del Omega-3 en la Salud Ocular

DHA Esencial en el Desarrollo y Mantenimiento de la Retina

Las células de la retina responsables de la visión, conos y bastones, necesitan de un alto contenido de DHA en sus membranas para la transmisión del estímulo visual. El DHA posibilita que la captación de los estímulos luminosos por la rodopsina (el fotorreceptor de la retina), sea codificado en forma de estímulo eléctrico permitiendo así la visión, y además permite la rápida inserción de nuevas moléculas de rodopsina en los segmentos externos de la membrana de conos y bastones. Una ingesta diaria mínima de DHA de 250 mg garantiza el correcto mantenimiento de la función visual. Esto se debe a que el DHA oxidado puede ser eficazmente reemplazado por DHA nuevo, contribuyendo al mantenimiento de la estructura de los discos externos de conos y bastones, y preservando así la calidad visual.

 

EPA y DHA Previenen y Tratan las Principales Causas de Enfermedades de Degeneración Visual

Al margen del funcionamiento del epitelio retinal, determinadas patologías frecuentes como DMAE (Degeneración Macular Asociada a la Edad) o el Síndrome del Ojo seco, son algunas de las principales causas de deterioro de la calidad visual en adultos de mediana edad. La DMAE es la principal causa de degeneración visual en adultos mayores de 50 años, motivada por un crecimiento excesivo de los vasos sanguíneos en la mácula ocular, que debido su fragilidad se rompen dañando esta estructura. Los Omega-3 EPA y DHA presentan un efecto anti-angiogénico capaz de inhibir el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, contribuyendo de este modo a prevenir la DMAE. [Un estudio clínico aleatorizado con placebo llevado a cabo con 263 pacientes con DMAE mayores de 55 años fueron suplementados con 840 mg de DHA y 270 mg de EPA o placebo durante 3 años. Los análisis del perfil de ácidos grasos en eritrocitos mostraron que la incidencia de la neovascularización coroidal se redujo significativamente en los pacientes suplementados con DHA que mostraban un índice de EPA + DHA constante durante los 3 años [1].

Por su parte, el síndrome del ojo seco es otra afección cada vez más común en la población que compromete la visión nítida al producirse una inflamación en las glándulas de Meibomio de los párpados. Esto conlleva una hiposecreción de la película lipídica lacrimal que lubrifica los párpados, causando daños en la superficie ocular y provocando pérdidas de visión. Estudios clínicos aleatorizados han demostrado que la ingesta diaria regular de entre 1 y 3 g de EPA y DHA en proporciones 3:2 o 2:1 para EPA y DHA respectivamente, revierte de forma eficaz los síntomas del ojo seco gracias a sus efectos antiinflamatorios, aumentando la producción de lágrima y disminuyendo su evaporación [2,3].

 

Referencias Bibliográficas:

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DHA y EPA, Nutrientes Esenciales para el Correcto Funcionamiento Cerebral

Procesos Cognitivos y Memoria

El cerebro humano tiene un alto requerimiento de DHA para la constitución de la membrana de las neuronas. De hecho, se estima que el DHA representa casi el 50% de los ácidos grasos que constituyen la membrana de las neuronas. Este ácido graso juega un papel estructural determinante para garantizar el desempeño óptimo de los procesos cognitivos y la consolidación de la memoria. Sin embargo, y debido a que el DHA existente en el cerebro es sensible a la oxidación, es necesario ingerir al menos 250 mg de DHA para reponer el DHA oxidado y el correcto mantenimiento de las funciones cerebrales.

 

Salud Mental

A su vez, el EPA junto con el DHA son dos nutrientes de vital importancia en la salud mental. Numerosos estudios científicos concluyen que los bajos niveles de EPA (y en menor medida también DHA) subyace a diferentes trastornos psiquiátricos tales como la depresión, esquizofrenia, TDAH (trastorno de atención e hiperactividad), autismo o trastorno bipolar.

Los ensayos clínicos llevados a cabo concluyen que la suplementación con EPA y DHA son eficaces en la reversión de los síntomas de la depresión, mostrando a su vez un efecto preventivo. Una revisión sistemática de 11 ensayos clínicos llevados a cabo con pacientes con trastorno depresivo mayor y 8 ensayos clínicos en pacientes con síntomas depresivos concluye que la suplementación dietética con fórmulas de Omega-3 ricas en EPA son eficaces en el tratamiento sintomático de la depresión [1]. Estos resultados también se han observado en niños, donde un reciente estudio además ha establecido que la severidad del cuadro clínico guarda relación directa con el cociente Omega-6/Omega-3 [2].

 

Otro aspecto importante para considerar es la importancia del mantenimiento de los niveles de DHA cerebrales en el estado adulto, y especialmente en personas de edad avanzada, donde el estrés oxidativo y la neurodegeneración son responsables de la aparición de diversas enfermedades neurodegenerativas.

 

En la actualidad, se conoce que los bajos niveles de DHA subyace a una mayor propensión de padecer enfermedad de Alzheimer, sin embargo, los estudios clínicos llevados a cabo con pacientes de Alzheimer todavía no han recabado suficiente información acerca de una posible suplementación con DHA como estrategia terapéutica combinada con otras.

 

Pese a ello, existen ciertas evidencias a favor de los beneficios de la suplementación con DHA en el tratamiento y prevención de la pérdida de memoria y deterioro cognitivo. Una revisión sistemática de 7 ensayos clínicos aleatorizados con placebo concluye que la suplementación con dosis altas de DHA y EPA previene la aparición de demencia asociada a la edad y Alzheimer precoz, especialmente en los primeros estadios de la enfermedad [3].

En 2010 se realizó un estudio clínico aleatorizado con placebo llevado a cabo en EE.UU con 485 pacientes sanos mayores de 55, a los que se les asignó una suplementación con 900 mg diarios de DHA o placebo de forma aleatoria. Los resultados mostraron que, transcurridas las 24 semanas, los individuos que habían sido suplementados con DHA mejoraban su puntuación en test de aprendizaje y memoria con relación al grupo que había recibido placebo [4].

En la misma línea, otro ensayo clínico aleatorizado con placebo realizado posteriormente en 2012 con 50 personas mayores de 65 años afectados de deterioro cognitivo previo reveló que la suplementación con diaria con Omega-3 mejoraba las habilidades cognitivas, el riesgo de padecer demencia y los síntomas depresivos asociados a la demencia. Para ello, estos pacientes fueron asignados a un régimen de suplementación con 1,55 g de DHA y 0,4 g de EPA (grupo omega-3) frente al grupo que recibió omega-6 (2,2 g de LA) durante 6 meses. Los resultados mostraron que la suplementación con DHA y EPA, y la reducción del consumo de omega-6 es protector frente al deterioro cognitivo, y además previene la depresión asociada a la demencia [5].

 

 

 

Referencias Bibliográficas:

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Efectos Antiinflamatorios e Inmunomoduladores de los Omega-3

Efectos Antiinflamatorios e Inmunomoduladores de los Omega-3

Uno de los beneficios mejor descritos de los Omega-3 de cadena larga, EPA y DHA, son sus efectos antiinflamatorios y el restablecimiento de la homeostasis inmunológica a través de diversos mecanismos [1], funciones que son decisivas en la defensa frente la infección por organismos tales como bacterias, hongos o virus. Los mecanismos mediante los que operan los Omega-3 en el sistema inmunitario son complejos y algunos tan solo parcialmente conocidos. Se ha descrito que un equilibrio entre Omega-3 y Omega-6 en las membranas de las células del sistema inmunitario es clave para promover eficientemente la fagocitosis, limitar la expresión de genes pro-inflamatorios y moléculas de adhesión, modular la presentación de antígenos y la migración de neutrófilos, así como para equilibrar la diferenciación de linfocitos T y B hacia las diferentes subpoblaciones celulares manteniendo así una homeostasis de la respuesta inmunológica [2].

Por otra parte, EPA y DHA llevan a cabo sus efectos antiinflamatorios a través la inhibición de la síntesis de eicosanoides proinflamatorios derivados del ácido araquidónico, la inhibición de la expresión de genes pro-inflamatorios y la síntesis de moléculas pro-resolutivas de la inflamación, SPM (por sus siglas en inglés, Specialliced Pro-resolving Molecules) [3]. Las SPM, integradas por maresinas, protectinas y resolvinas, son mediadores de acción local sintetizados a partir del EPA y DHA en los focos de inflamación. Su actuación permite cesar la respuesta inflamatoria, potenciando además el funcionamiento del sistema inmunitario, aumentando la capacidad de fagocitosis de macrófagos y neutrófilos, y restableciendo parte del daño ocasionado por la inflamación al promover la regeneración celular y tisular.

Precisamente, y en relación con su capacidad para cesar la respuesta inflamatoria, se ha descrito que la administración de EPA y DHA constituye una excelente herramienta terapéutica para frenar la tormenta de citoquinas que tiene lugar en los pacientes graves infectados por SARS-CoV2. Esta fuerte respuesta inflamatoria está mediada por macrófagos alveolares, los cuales producen gran cantidad de citoquinas proinflamatorias, principalmente IL-6, IL-1B y TNF-α, que terminan provocando la bronconstricción y graves problemas respiratorios. EPA y DHA son precursores de SPM y eicosanoides antiinflamatorios, por lo que su administración es capaz de frenar la tormenta de citoquinas y mejorar el pronóstico de estos pacientes [4]. En este contexto, actualmente se está llevando a cabo un estudio clínico con pacientes ingresados en UCI por Covid-19 sobre la eficacia de administración aguda de EPA y DHA por vía intravenosa [5] como un posible tratamiento que minimice los riesgos y la mortalidad en pacientes críticos de Covid-19.

Estos efectos se basan en los antecedentes previos que demuestran que la suplementación diaria con EPA y DHA tiene un marcado efecto superior de la inflamación en otras patologías. Recientemente se ha publicado una revisión sistemática de 7 ensayos clínicos aleatorizados con placebo sobre los efectos de la suplementación con Omega-3 en pacientes de Esclerosis Múltiple (EM). Se concluye que la suplementación con 4g al día de DHA y EPA disminuyen los niveles de las principales citoquinas proinflamatorias (IL-6, IL-1B, IFN-γ y TNF-α) atenuando la neuroinflamación, mientras que incrementan los niveles de citoquinas antiinflamatorias (IL-10). Además, la suplementación en pacientes con EM disminuye la tasa de recaída y mejora la calidad de vida de los pacientes [6].

Sin embargo, y dependiendo del tipo de respuesta inflamatoria, los efectos beneficiosos pueden variar su intensidad y eficacia administrando EPA o DHA. En relación con ello, se llevó a cabo un ensayo clínico aleatorizado con placebo con 21 pacientes (9 hombres y 12 mujeres) con inflamación crónica mediada por monocitos, a los que les fueron administrados 3g/día de Omega-3 (DHA o EPA) en dos fases aleatorias de 10 semanas con 10 semanas de pausa. Los resultados mostraron que EPA y DHA tienen distintos efectos atenuantes sobre la inflamación mediada por monocitos, siendo más acusado el efecto antiinflamatorio mediado por DHA [7].

Un estudio clínico con pacientes afectados de Artritis Reumatoide (AR) cuantificó los niveles de NEFA (ácidos grasos no esterificados) en el plasma. Se observó un perfil lipídico característico en los pacientes con AR caracterizado por altos niveles de ácido esteárico y bajos niveles de EPA y DHA que se asocian a una fuerte respuesta inmunitaria de tipo CD4+ (mediada por linfocitos T colaboradores de tipo 1), responsable de la severidad de la enfermedad [8]. Este estudio correlaciona un perfil lipídico característico con la intensidad de AR, lo que sienta las bases para una suplementación con ácidos grasos omega-3 EPA y DHA como estrategia terapeútica. De hecho, en 2018 se realizó un estudio clínico aleatorizado con placebo con 38 pacientes afectados de AR a los que se les administró diariamente de 2,1g de DHA o placebo durante 10 semanas. Los resultados mostraron que la suplementación con DHA equilibra el cociente AA/DHA anormalmente alto que existe en estos pacientes en paralelo a una mejoría sintomática y una disminución en el grado de inflamación de las articulaciones [9].

Recientemente se ha llevado a cabo un estudio piloto con 57 individuos, 30 de ellos afectados de Tiroiditis de Hashimoto (TH), una enfermedad de origen autoinmune que ocasiona hipotiroidismo, y 27 individuos sanos. En este estudio se observó que los niveles de Resolvina E1 (RvE1) en plasma de pacientes TH son significativamente más bajos que en los individuos sanos, señalando el papel del omega-3 EPA como precursor de RvE1 con efectos antiinflamatorios y resolutivos de la inflamación. Además, RvE1 es preventiva frente al desarrollo de anticuerpos anti-tiroglobulina, responsables del marcaje para la destrucción de las células tiroides por el sistema inmunitario. [10]

Como ocurre con muchas enfermedades crónicas multifactoriales, el conocimiento incompleto de los mecanismos biológicos subyacentes de la migraña ha limitado el desarrollo de enfoques eficaces para su prevención y el tratamiento. Se sabe que los derivados del omega-6 provocan ataques similares a la migraña. Sin embargo, varias oxilipinas derivadas de los omega-3 EPA y DHA tienen potentes propiedades antinociceptivas. Para evaluar su efecto, se seleccionaron 182 adultos con migraña crónica y episódica, y fueron asignados aleatoriamente a una dieta con aumento de EPA+DHA (H3), de EPA+DHA y reducción de ácido linoleico (H3-L6). El grupo control fue sometido a la ingesta media estadounidense de ácidos grasos omega-3 y omega-6. La dieta H3-L6 redujo los días de dolor de cabeza al mes más que la dieta H3, lo que sugiere un beneficio adicional de la reducción del ácido linoleico en la dieta. Las dietas H3-L6 y H3 alteraron los ácidos grasos n-3 y n-6 y varios de sus derivados oxilipínicos nociceptivos en plasma, suero, eritrocitos o células inmunitarias, pero no alteraron los mediadores clásicos del dolor de cabeza. [11]

Con ello, se demuestra la existencia de mecanismos que relacionan los ácidos grasos omega-3 y omega-6 con la nocicepción, y abren la puerta a nuevos enfoques para tratar el dolor crónico en humanos, donde el omega-3 juega un importante rol antiinflamatorio, en contraposición al omega-6.

Por su parte, existen otros compuestos bioactivos con propiedades atiinflamatorias e inmunomoduladoras, como la curcumina. Se ha demostrado que tiene diversos efectos farmacológicos, como la regulación de la inmunidad, la antioxidación, la inhibición de la inflamación, la antitumoralidad, la antiangiogénesis, la anticoagulación y la eliminación de radicales libres. Además, se han reportado pocos efectos secundarios, lo que la convierte en una alternativa potencial a los fármacos con efectos secundarios graves. De hecho, la curcumina presenta efectos prometedores en el en el tratamiento de algunas enfermedades autoinmunes. [12] Se realizó un meta-análisis para evaluar la eficacia y seguridad de la curcumina, cuya dosis en el tratamiento de enfermedades autoinmunes se sitúa principalmente entre 80 mg y 6000 mg y se seleccionaron 31 ensayos controlados aleatorizados sobre las siguientes enfermedades autoinmunes: Espondilitis anquiosilante, Enfermedad de Behcet BD, Enfermedad de Crohn, Eritema Multiforme, Liquen plano oral, Psoriasis, Artritis Reumatoide, Lupus Eritematoso Sistémico, Arteritis de Takayasu y Urticaria Crónica.

Los resultados del meta-análisis mostraron que la curcumina tuvo una buena eficacia clínica en el tratamiento de: Psoriasis, Urticaria Crónica y Artritis Reumatoide. Por otra parte, no mostró eficacia en el tratamiento del liquen plano oral. En el resto de las enfermedades, los ensayos clínicos estudiados no aportaron datos clínicos suficientes para el metaanálisis.

 

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Omega-3, un Aliado en la Salud de las Articulaciones

Nuestra capacidad de movimiento se debe en buena medida al buen estado de las articulaciones, verdaderos “engranajes” que hacen posible la ejecución del movimiento. Sin embargo, el talón de Aquiles de estos engranajes es con frecuencia la inflamación articular, un proceso fisiológico ocasionado por diferentes causas que genera dolor, desgaste del cartílago e incluso la incapacidad para movernos o desplazarnos.

En este escenario, y con independencia del origen del proceso inflamatorio, los ácidos grasos Omega-3 EPA y DHA han demostrado científicamente su eficacia para disminuir la inflamación articular o “artritis”. Sus efectos se basan en la inhibición de la producción de citoquinas e eicosanoides pro-inflamatorios derivadas del ácido araquidónico, y la promoción de la síntesis de moléculas pro-resolutivas de la inflamación derivadas del EPA.

En el caso de la Artritis Reumatoide (AR), una enfermedad de carácter autoinmune que ataca a la cápsula de líquido sinovial de las articulaciones, EPA y DHA han mostrado importantes efectos terapéuticos en estos pacientes. En estos casos, además de los efectos antiinflamatorios aludidos previamente, las moléculas pro-resolutivas de la inflamación contribuyen a la regeneración tisular, contribuyendo a mantener una homeostasis en la respuesta inflamatoria y haciendo que la enfermedad curse de forma menos agresiva y con menos dolor.

Así lo demuestra un estudio clínico aleatorizado con placebo con 38 pacientes de AR a los que se les suministró 2,1g de DHA durante 10 semanas frente al grupo placebo. Se observó que en comparación con los pacientes que habían recibido placebo, la suplementación con DHA disminuye de forma eficaz la inflamación de los articulaciones y el dolor, y además se observó una disminución de eicosanoides proinflamatorios derivados del Ácido Araquidónico en favor de un incremento de los eicosanoides antiinflamatorios derivados del DHA [1]. En la misma línea, una revisión sistemática que analizó 20 estudios clínicos aleatorizados sobre los efectos de la suplementación dietética con Omega-3 a pacientes de AR concluyó que dicha estrategia es eficaz en la disminución de la inflamación articular, la rigidez y el dolor que padecen estos pacientes [2].

Resultados similares se han descrito en el caso de pacientes afectados de esclerosis múltiple (EM), una enfermedad autoinmune y neurodegenerativa de las vainas de mielina de las neuronas del sistema nervioso central que conduce a una progresiva pérdida de movilidad [3].

Un estudio clínico doble ciego aleatorizado con placebo llevado a cabo con 41 pacientes afectados de EM, reveló los efectos positivos de la suplementación con proporciones 1:1 Omega-3 y Omega-6 disminuyendo la tasa de recaída anual frente al grupo que había sido tratado con placebo. Los pacientes suplementados recibieron diariamente un tratamiento compuesto de: 1650 mg de EPA, 4650 mg DHA, 2000 mg de GLA (ácido gammalinolénico) y 3850 mg de LA (ácido linoleico) junto con vitaminas antioxidantes A y E durante un periodo de 30 meses. Finalizado este periodo se observó que la tasa de recaída anual de los pacientes suplementados con Omega-3 y Omega-6 se redujo un 60% con respecto al grupo placebo, además de minimizarse el riesgo de incapacidad progresiva. Este estudio evidencia la importancia del equilibrio 1:1 entre ácidos omega-3 y omega-6 como estrategia terapéutica para la EM [4].

En el tratamiento del dolor neuropático, las respuestas al tratamiento farmacológico son variadas e impredecibles a nivel individual, por lo que se debe encontrar la medicación o combinación de fármacos que sean mejor tolerados y produzcan la menor cantidad de efectos secundarios. Por este motivo, se cree que los mecanismos celulares de los ácidos grasos poliinsaturados ayudarían con la reducción de la neuroinflamación y el estrés oxidativo. Un estudio clínico reportó la reducción clínicamente significativa del dolor, incluso meses después del inicio del del tratamiento sin ningún reporte de efectos secundarios. Concretamente, fueron seleccionados 5 pacientes con diferentes patologías relacionadas con el dolor neuropático: radiculopatía cervical, síndrome de salida torácica, fibromialgia, síndrome del túnel carpiano y quemaduras. Recibieron dosis de aceite de pescado omega-3 (entre 2400 y 7200 mg/día de EPA + DHA) y se les evaluó inicialmente. Se continuó con un seguimiento a los 7-9 meses y a los 13-19 meses de tratamiento. [5]

 

 

 

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5. Ko, G. D., et al. (2010): The Clinical journal of pain26(2), 168-172.

 

Omega-3: Nutrientes Imprescindibles en la Salud Cardiovascular

El buen funcionamiento del corazón, así como la correcta circulación sanguínea dependen de un equilibrio adecuado de ácidos grasos en las membranas de los cardiomiocitos y los vasos sanguíneos. Uno de los nutrientes vitales para la salud cardiovascular son los Omega-3 DHA y EPA, ampliamente estudiados sus efectos y beneficios en la literatura científica.

Los resultados de diferentes ensayos clínicos concluyen que la suplementación con Omega-3 es eficaz para prevenir accidentes cardiovasculares. De entre todos ellos, cabe destacar los resultados del estudio REDUCE-IT, el mayor estudio clínico aleatorizado realizado en pacientes con elevado riesgo cardiovascular o diabetes [1]. En este estudio, se administraron 4g de EPA junto con estatinas a los pacientes o la cantidad equivalente de placebo. Los resultados acumulados a lo largo de 6 años de estudio han puesto de manifiesto una disminución significativa superior a un 35% en el riesgo de accidente isquémico en los pacientes tratados con EPA frente a los que se les administró placebo [1].

Al margen del estudio REDUCE-IT, otros muchos ensayos clínicos llevados a cabo con diferentes cantidades y proporciones de EPA y DHA han mostrado resultados concluyentes sobre los efectos beneficiosos del omega-3 en la salud cardiovascular. Una revisión sistemática que analiza 13 estudios clínicos concluye que existe una clara correlación entre la suplementación con EPA y DHA y la disminución del riesgo de infarto de miocardio, enfermedades cardiovasculares y mortalidad asociada a enfermedades cardiovasculares [2].

Los efectos de los Omega-3 sobre la salud cardiovascular se basan en la disminución de los niveles de triglicéridos en plasma, la disminución de la presión sanguínea, la inhibición de la formación de trombos, efectos antioxidantes del EPA a nivel endotelial y la disminución de la inflamación, lo que en su conjunto disminuye el riesgo de formación de placa de ateroma. Además, a nivel cardiaco se ha demostrado que EPA y DHA disminuyen la frecuencia cardíaca y produce una estabilización eléctrica de la membrana y aumenta el tiempo de recuperación de los ventrículos previniendo arritmias.

Diferentes estudios clínicos, así como la EFSA, señalan que la ingesta de 2g al día combinados de DHA y EPA son eficaces para disminuir los niveles de triglicéridos en plasma [3], si bien es cierto su administración en formatos con una baja biodisponibilidad puede hacer necesario aumentar la dosis diaria hasta los 4g. Un estudio clínico llevado a cabo en pacientes diabéticos de tipo II muestra como la administración diaria de 1450 mg DHA y 450 mg EPA durante 8 semanas frente a la cantidad equivalente de placebo reduce los niveles de triglicéridos sanguíneos en todos los pacientes, de forma más acentuada en aquellos que con Hipertrigliceridemia [4].

A su vez, EPA y DHA también han demostrado su eficacia en la disminución de la presión sanguínea en pacientes hipertensos con un consumo diario de 3g de EPA y DHA combinados, tal y como recoge la EFSA. Un meta-análisis reciente de estudios clínicos aleatorizados concluye que tanto el DHA como el EPA son eficaces para disminuir la hipertensión y el riesgo de accidente cardiovascular, si bien es cierto que operan por mecanismos diferentes [5].

Por su parte, otro ensayo clínico aleatorizado con placebo llevado a cabo con 121 pacientes normolipidémicos puso de manifiesto los efectos independientes de EPA y DHA sobre la salud cardiovascular. En este estudio se dividió a los pacientes en 4 grupos a los que se les asignó aleatoriamente un tratamiento durante 6 semanas: grupo suplementado con 600 mg de EPA/día; grupo suplementado con 1800 mg de EPA/ día; grupo suplementado con 600 mg de DHA/día y grupo placebo. Los resultados mostraron que el grupo tratado con 600 mg de EPA no mostró cambios significativos con respecto al grupo placebo, sin embargo, los pacientes tratados con 1800 mg de EPA disminuyen la expresión de lipasa A2 (LPA2) sin aumentar los niveles de colesterol LDL. Por su parte, los pacientes tratados con DHA disminuyeron los niveles de TAG en plasma e incrementan los niveles de colesterol LDL en plasma [6]. Una conclusión importante de este estudio es que dosis bajas de EPA y/o DHA (ejemplo: 600 mg EPA) pueden resultar insuficientes para manifestar los resultados buscados, ya que en muchos casos la magnitud del efecto es dosis-dependiente, como sucede con la disminución de triglicéridos en plasma.

En esta línea, otro estudio clínico aleatorizado doble ciego con placebo realizado con 25 pacientes afectados de hipertrigliceridemia demostró que las dosis altas de EPA y DHA, 3,4g/día (proporción EPA:DHA 1,2:1) durante 2 meses disminuyen de forma notable la densidad de lipoproteínas responsables de la progresión de la placa de ateroma. Concretamente, y a diferencia de lo observado en el grupo placebo y en un tercer grupo suplementado con dosis bajas de EPA + DHA (0,85g/día), este régimen de suplementación disminuyó de forma significativa la densidad de lipoproteínas que contienen ApoB y ApoCIII [7].

Además, un estudio observacional reciente llevado a cabo con 944 pacientes que habían sufrido infarto de miocardio con elevación del segmento ST (STEMI) puso de manifiesto que unos niveles más altos de EPA en los fosfolípidos del plasma se asociaban con un mejor pronóstico en los siguientes 3 años. Aquellos pacientes que se situaban en el tercil más alto de niveles de EPA en fosfatidilcolina del plasma mostraron menor tasa de recaída en los infartos y una disminución del número de eventos cardiovasculares adversos durante el seguimiento en los 3 años posteriores  al STEMI [8].

Un aspecto que ha despertado cierta inquietud entre los profesionales de la salud es conocer si el consumo de ácidos grasos omega-3 incrementa el riesgo de sangrado.

A tal respecto se llevó a cabo un estudio clínico aleatorizado doble ciego con placebo, Omega-3 Fatty Acids for Prevention of Postoperative Atrial Fibrillation (OPERA) Randomized Trial para contrastar dicha hipótesis. En el estudio un total de 1516 pacientes fueron asignados aleatoriamente a un régimen de suplementación con cantidades de 8-10 g de aceite de pescado  (rico en omega-3) durante 5 días previos a una operación, y 2 g de aceite de pescado posterior a la operación, o el placebo correspondiente.

Los resultados del estudio concluyeron que el grupo de suplementación no mostraba un mayor riesgo de sangrado perioperatorio comparado con el grupo placebo. Sin embargo, sí se constató que en el grupo de suplementación fueron necesarias menos unidades de transfusiones sanguíneas en relación con el grupo placebo. De hecho, se observó una correlación negativa entre los niveles de EPA y DHA en los fosfolípidos del plasma y el riesgo de sangrado perioperatorio definido por el Consorcio de Investigación Académica de Sangrado [9].

Cardiopatía congénita es un término general para una serie de defectos congénitos que afectan al funcionamiento normal del corazón. Entre los factores que aumentan el riesgo de padecerla se encuentran: padecer una condición genética, como el síndrome de Down, periodo gestacional en mujeres diabéticas, consumo de alcohol o de ciertas medicinas durante el embarazo, infecciones víricas, etc. En la siguiente revisión sistemática, se seleccionaron ensayos clínicos siguiendo los siguientes criterios de exclusión:

  1. Que fueran ensayos controlados aleatorizados que compararan la ingesta de ácidos grasos omega-3 (EPA o EPA+DHA) frente al control.
  2. Que la duración del seguimiento fuera de al menos 12 meses.
  3. Que los ensayos informasen de la mortalidad y los resultados cardiovasculares.

Se incluyeron 38 ensayos con 149051 pacientes de entre 39 y 78 años, de ellos:

  • 4 compararon EPA frente a control: la dosis osciló entre 1,8 y 4,0 g EPA/día.
  • El resto (34) compararon EPA+DHA frente a control: la dosis osciló entre 0,4 a 5,5 EPA+DHA g/día.

Los principales resultados tras la suplementación con omega-3 fueron asociados a una reducción de:

  • La mortalidad cardiovascular.
  • El infarto de miocardio no mortal.
  • Los episodios de cardiopatía coronaria.
  • Los episodios cardiovasculares adversos mayores.
  • La revascularización.

Aunque se observó una mayor reducción del riesgo cardiovascular con la monoterapia con EPA que con EPA + DHA, la suplementación única con EPA se asoció a un mayor riesgo de hemorragia total frente al grupo control. Reducir el riesgo contribuiría positivamente al desarrollo de cardiopatías, incluso cuando uno de los factores involucrados es genético. [10] Retomando estudio anterior [9], el grupo suplementado con EPA+DHA no mostró un mayor riesgo de sangrado perioperatorio comparado con el grupo placebo. Es necesaria más investigación en este campo, para evaluar la eficacia de la suplementación según el tipo o combinación de ácidos grasos omega-3.

 

La miocardiopatía isquémica se desarrolla cuando el corazón no puede bombear suficiente sangre al resto del organismo por una enfermedad arterial coronaria. A pesar de los numerosos estudios publicados, que respaldan los efectos electrofisiológicos beneficiosos de los omega-3 sobre el corazón, los resultados siguen siendo contradictorios. En el ensayo clínico clínico doble-ciego cruzado recurrieron a la oportunidad de monitorizar los episodios arrítmicos mediante desfibriladores cardioversores implantables (DAI) para evaluar los efectos de la suplementación con omega-3. [11]

Seleccionaron 420 pacientes receptores de desfibriladores cardioversores implantables (DAI) y con cardiomiopatía isquémica. Fueron suplementados con cápsulas que contenían 3,6 g de aceite de pescado omega-3 (400 mg EPA y 200 mg de DHA), 40 mg de ácido oleico y 2 mg de vitamina E. Fueron monitorizados al inicio y a los 3, 6, 10, 13 y 16 meses para estudiar su evolución. Durante el tratamiento con omega-3 aumentaron las concentraciones de EPA y DHA en los glóbulos rojos y el tejido adiposo subcutáneo y el número medio de episodios taquiarrítmicos ventriculares fue significativamente inferior. Los resultados sugieren que el tratamiento con aceite de pescado puede asociarse a una reducción de la frecuencia de TEV en receptores de DAI con miocardiopatía isquémica. Sin embargo, los posibles efectos antiarrítmicos de la suplementación con omega-3 deben ser validados en ensayos clínicos con mayor tamaño muestral.

 

 

Referencias Bibliográficas:

  1. Deepak, L. et al. (2019): N Engl J Med, 380:11-22

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  1. Hu, Y., Hu, F. & Manson, J. (2019): J Am Heart Assoc., 8 (19): e013543

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  1. Innes, JK. & Calder, PC. (2018): Int. J. Mol. Sci., 19, 532

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  1. Guo, X. et al. (2019): Critical Reviews in Food Science and Nutrition, 59 (20): 3380-3393

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  1. zaro, I. et al. (2020): J. Am. Coll. Cariol., 76 (18): 2089-2097

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0735109720365931

  1. Akintoye, E. et al. (2018): Circ Cardiovasc Qual Outcomes; 11(11): e004584

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6376981/

10. Khan, S. U., et al. (2021): EClinicalMedicine38, 100997

https://doi.org/10.1016/j.eclinm.2021.100997

11. Weisman, D., et al. (2017).Journal of Interventional Cardiac Electrophysiology49(3), 255-261.

https://doi.org/10.1016/j.plefa.2020.102154

Beneficios del Omega-3 en Enfermedades Metabólicas: Obesidad, Diabetes y Síndrome Metabólico.

Además de los efectos beneficiosos de DHA y EPA en la salud cardiovascular, la suplementación con Omega-3 también ha demostrado científicamente que es una excelente estrategia terapéutica para seguir en la prevención y tratamiento de determinados enfermedades y trastornos metabólicos.

Una de las principales enfermedades con una gran prevalencia en la población es la obesidad, donde además de los problemas fisiológicos derivados existe una alteración endocrina que cursa con altos niveles de marcadores inflamatorios. En la obesidad se produce una acumulación de triacilglicéridos en el tejido adiposo conlleva una sobreproducción de citoquinas y eicosanoides proinflamatorios que pueden deparar en patologías posteriores como síndrome metabólico o Diabetes Mellitus de tipo II.

Un estudio clínico aleatorizado con placebo llevado a cabo con 29 pacientes obesos reveló que la suplementación de una dieta hipocalórica con 500 mg de DHA al día durante 6 semanas en comparación con el grupo que solamente seguía la dieta hipocalórica producía una disminución significativamente mayor en los niveles de los principales marcadores inflamatorios. Además, en los pacientes suplementados con DHA se observaron en plasma niveles más altos de eicosanoides resolutivos de la inflamación derivados del DHA, siendo ambos efectos responsables de la disminución de la inflamación generalizada que existe en los pacientes obesos [1].

Un metaanálisis recientemente publicado ha analizado 33 estudios clínicos sobre los efectos de la suplementación con DHA y/o EPA con relación a su eficacia en el tratamiento del síndrome metabólico. Las conclusiones extraías señalan que EPA y DHA tienen diferentes efectos minimizando los principales factores del riesgo del síndrome metabólico. Por una parte, tanto DHA como EPA disminuyen los niveles de triacilglicéridos en plasma. EPA disminuye los niveles totales de colesterol, mientras que la suplementación con DHA aumenta el colesterol, tanto HDL (“colesterol bueno”), como LDL (“colesterol malo”). Además, la suplementación con DHA aumenta los niveles totales de insulina, especialmente en la subpoblación menor de 60 años [2].

Por su parte, la suplementación con DHA y EPA se ha demostrado eficaces en la disminución del riesgo de desarrollar resistencia a la insulina, y en última instancia llegar a padecer diabetes de tipo II. En 2020 se publicaron los resultados de un estudio clínico aleatorizado con placebo llevado a cabo con 73 pacientes con obesidad, resistencia a la insulina, pero sin diabetes, a los que se les administró un aceite de pescado enriquecido en DHA (860 mg de DHA y 120 mg de EPA) frente al grupo control, al que se administró placebo (aceite de maíz) durante 12 semanas. Los resultados mostraron que los pacientes con obesidad abdominal que había sido suplementados con Omega-3 disminuían de forma notable el índice de resistencia a la insulina frente al grupo que había recibido placebo, sin que se observaran diferencias por sexos en el índice de resistencia a la insulina [3].

 

 

 

Referencias Bibliográficas:

  1. De Luis, D. Domingo, JC. & Izadla, O. (2016): Endocrine, 54: 111-122

https://link.springer.com/article/10.1007%2Fs12020-016-0964-z

  1. Zhang, HJ. et al. (2021): Clin Nutr., 40 (7): 4538-4550

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  1. Abbott, KA. et al (2020): Prostaglandins Leukot Essent Fatty Acids, 159: 102154.

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32563863/

DHA y EPA: Dos Promesas Terapéuticas en el Cáncer

Los ácidos grasos Omega-3 DHA y EPA comportan numerosos efectos beneficiosos tanto a nivel preventivo como terapéutico en diferentes tipos de cáncer, especialmente en los cáncer de pecho y colorrectal.

Sus principales mecanismos de acción son variados; entre ellos cabe destacar:

1) Capacidad del DHA para generar defectos de empaquetamiento en las membranas, confiriendo mayor fluidez y facilitando así el acceso de fármacos antitumorales

2) Inhibición de la formación de dominios de membrana tipo “RAFT” esenciales en la señalización por factores de crecimiento, y por tanto promotores de la división celular

3) Síntesis de eicosanoides y SPM de acción antiinflamatoria que frenan la progresión de cáncer

4) Inhibición de la expresión de proteínas oncológicas y vías de señalización implicadas en la supervivencia celular

5) Capacidad de DHA y EPA en la facilitación de la activación del receptor de membrana GPR120 promotor de la apoptosis

6) Efectos anti-angiogénicos de EPA y DHA e inhibidores de la adhesión celular

7) La inducción de muerte selectiva de células tumorales por Ferroptosis. Resultado de una sobrecarga de acumulación de DHA en condiciones de acidosis celular en el citoplasma no esterificado, que es oxidado generando un fuerte estrés oxidativo citotóxico inductor de la muerte de la célula tumoral [1].

A tenor de estos efectos, diferentes estudios clínicos han puesto de manifiesto la efectividad de la suplementación con EPA y DHA combatiendo diferentes tipos de cáncer.

Un estudio clínico aleatorizado llevado a cabo con 60 pacientes de cáncer de pulmón fue suplementados con 2,4 g de Omega-3 (1,6g EPA + 0,8g DHA) durante 8 semanas. Los resultados muestran una mejora en el estado nutricional de estos pacientes y una menor respuesta inflamatoria en los pacientes tratados con Omega-3 frente a los que se les administra placebo [2]. En la misma línea, otro ensayo clínico realizado con 38 pacientes afectados de cáncer sometidos a radioterapia. A los pacientes se les asignó a un grupo con una dieta enriquecida en omega-3 (2,4g EPA + 1,2 g DHA) al día frente al grupo control que recibió la misma dieta isocalórica sin la suplementación en omega-3. Los resultados muestran que, en tan solo una semana, los niveles de EPA y DHA aumentan en los leucocitos, disminuyen los niveles de PGE2 (principal mediador inflamatorio en plasma) sin que se produzcan variaciones en los niveles de citoquinas entre ambos grupos [3].

Un estudio científico reciente ha demostrado el papel antitumoral del EPA en estadios tempranos de pacientes de cáncer de próstata, donde la administración de monoacilglicéridos de EPA ejerce un efecto antiangiogénico en la neovascularización tumoral [4].

La administración de Omega-3 también ha mostrado importantes resultados en pacientes de cáncer colorrectal con metástasis hepática. Un estudio clínico en fase II doble ciego aleatorizado con placebo se en el que se administró 2g de EPA/ día a los pacientes durante 30 días en promedio (entre 12 y 65 días), previo a la operación mostró que disminuía de forma significativa la mortalidad en todos los pacientes, y de forma más acusada en los pacientes sometidos a cirugía libres de cáncer. Además, se observó que estos efectos eran paralelos a un aumento del 40% de los niveles de EPA en las células del tejido tumoral y una inhibición de las vascularización tumoral [5].

También en pacientes recientemente diagnosticados de cáncer de pecho se ha descrito que la suplementación con Omega-3 mejora su respuesta inmunitaria y el pronóstico de la enfermedad. Así lo demuestra un estudio clínico llevado a cabo con 38 pacientes del Hospital Universitario de Brasil diagnosticados con cáncer de pecho, a los que se les administró 940 mg de EPA y 780 mg de DHA diarios durante 30 días. Los resultados concluyeron que el tratamiento promovía una disminución de la respuesta inflamatoria de estos pacientes, un mantenimiento de los niveles de linfocitos T CD4+ colaboradores y un aumento significativo de los niveles de EPA y DHA en los fosfolípidos de la membrana de los eritrocitos [6].

En la siguiente revisión, buscaron y seleccionaron ensayos clínicos registrados en la base de datos ClinicalTrials.gov sobre el consumo de Omega-3 durante la terapia contra el cáncer, identificando un total de 171 entradas desde 2021 hasta 1995, después de la Ley de Modernización de la Administración de Alimentos y Medicamentos. [7] Los ensayos abarcaban 15 tipos diferentes de cáncer, en algunos casos múltiples (2,4%). Los tres tipos principales de cáncer son el cáncer de mama (29,3%), el cáncer de próstata (15,9%) y el cáncer colorrectal (15,9%), que representan la mayoría de los ensayos (61%). La mayoría de estos ensayos se centran en la reducción de los efectos secundarios o en el tratamiento de síntomas.

Según los 49 resultados de ensayos clínicos publicados, el principal efecto de los omega-3 parece ser la reducción de los síntomas asociados al cáncer y la mejora de su calidad de vida, a través de:

  • El mantenimiento del tono muscular y masa corporal, que reduce la caquexia.
  • La protección frente a la toxicidad inducida por la quimioterapia, que disminuye la neuropatía.
  • La mejora del estado nutricional, que previene las complicaciones post-operatorias.
  • La producción de eicosanoides derivados del omega-3 antiinflamatorios, que disminuyen la inflamación.

Existen nuevos ingredientes activos con propiedades antitumorales que pueden combinarse con los prometedores efectos del omega-3, un ejemplo es el de la curcumina liposomal. En modelos de ratones, se ha demostrado que puede ser un protector óptimo contra la neumonitis por radiación y sensibilizador para la radioterapia. En concreto, se observó una mitigación eficaz de la neumonitis, retrasando su proceso y secuelas, un alivio de la inflamación y fibrosis del pulmón, y la disminución de los microvasos y angiogénesis en el tumor. [8]

La malnutrición es común en niños con cáncer y está asociada con resultados clínicos negativos. El papel de la nutrición en oncología aún no se conoce lo suficiente, es necesario investigar sobre las consecuencias de las carencias de macro y micronutrientes. Se llevó acabo una revisión bibliográfica que destaca la importancia de la nutrición y el papel de los ácidos grasos omega-3 como suplementos beneficiosos en la prevención y en el tratamiento del cáncer pediátrico. [9]

  • Ventajas de la suplementación con Omega-3:
    • Su actividad anticancerígena se ha constatado inicialmente en varios estudios epidemiológicos: las dietas occidentales, que suelen presentar bajos ratios Omega-3/Omega-6, se asociaban a mayores tasas de tumores malignos que las dietas tradicionales asiáticas o mediterráneas.
    • Mejoran la respuesta del tumor al tratamiento, protegen de la toxicidad y frenan las complicaciones secundarias.
    • Prevención de complicaciones a largo plazo.
  • Dosis: No hay datos suficientes para dar una recomendación cuantificada, pero oscila entre 0,2 g de DHA/día y 1,5 g de EPA+DHA/día. En lactantes la EFSA recomienda mínimo 100 mg DHA/día.
  • Efectos adversos: Se previenen a bajas concentraciones (< 3 g/día). No se recomiendan en población con alto riesgo de hemorragias. Los efectos antiinflamatorios podrían disminuir las respuestas inmunitarias en inmunodeprimidos.

La suplementación con DHA y EPA parece ser una forma relativamente no tóxica de terapia de apoyo por sus efectos sobre el sistema inmunitario y diferentes vías metabólicas, así como en múltiples dianas implicadas en diferentes etapas del desarrollo del cáncer.

Aún es necesaria una mayor investigación sobre los beneficios particulares en el cáncer infantil. De hecho, los autores destacan la necesidad de poner en marcha estudios pediátricos para identificar los factores de riesgo de un peor pronóstico, encontrándose entre ellos la inadecuada nutrición.

 

Referencias Bibliográficas:

  1. Dierge, E. et al. (2021): Cell Metabolism, 33, 1-15

 https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34118189/

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7. Wei, L., et al. (2022): Cancer Letters526, 193-204

 https://doi.org/10.1016/j.canlet.2021.11.023

8. Podpeskar, A., et al. (2021): Nutrients13(6), 1800

https://doi.org/10.3390/nu13061800

9. Podpeskar, A., et al. (2021): Nutrients13(6), 1800

https://doi.org/10.3390/nu13061800

DHA es Clave Para la Fertilidad Masculina

El proceso de espermatogénesis conlleva una alta demanda de DHA para la formación del acrosoma. La membrana del espermatozoide requiere el DHA para generar la fluidez de membrana suficiente necesaria en los procesos de curvatura que conducen a la maduración espermática. Los bajos niveles de DHA son responsables de una espermatogénesis defectuosa (forma aberrante), reducido número de espermatozoides y baja movilidad espermática, lo que conduce a la Infertilidad Masculina.

Sin embargo, estos factores responsables de la infertilidad masculina pueden ser revertíos mediante suplementación dietética con 2g de DHA/día. Así de desprender de un ensayo clínico aleatorizado llevado a cabo con 60 hombres infértiles de entre 18 y 50 años. Este estudio concluyó que la suplementación diaria durante 3 meses con cantidades de DHA de 0,5, 1 y 2 g mejoraba la calidad del espera en términos de recuento de espermatozoides, morfología y movilidad espermática. Además, la inmediatez del efecto es dosis dependiente, obteniéndose los mejores resultados con una cantidad de 2 g/día de DHA.

 

Referencias Bibliográficas:

  1. González-Ravina, C. Et al. (2018): Reprod Biol, 18: 282-288

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29934046/

Omega-3 en el Rendimiento Físico y Mental para la actividad física cotidiana y deportes de competición

 

La suplementación dietética con ácidos grasos omega-3 reduce la inflamación en numerosas enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide, la enfermedad inflamatoria intestinal y la enfermedad de Crohn. Igualmente, aportaría beneficios al minimizar el dolor post-ejercicio, facilitando el entrenamiento en individuos que van desde atletas sometidos a un fuerte acondicionamiento, hasta sujetos sedentarios o pacientes que inician programas de ejercicio o tratamientos médicos, como fisioterapia o rehabilitación cardiaca.

En 11 adultos sanos de ambos sexos, se comprobó que la suplementación con omega-3 reducía las agujetas de aparición retardada causadas por ejercicios de fuerza extenuantes. Realizaron flexiones excéntricas de bíceps en dos ocasiones, una tras 14 días de restricción dietética de omega-3 (ensayo de control) y otra tras 7 días de suplementación con 3 g/día de omega-3. Antes y 48 h después del ejercicio excéntrico, se evaluaron los signos de inflamación midiendo los índices de dolor, hinchazón y temperatura. [1]

En un ensayo clínico doble-ciego aleatorizado, 20 jóvenes varones fueron sometidos a un régimen de suplementación con cápsulas que contenían 180 mg de EPA y 120 mg de DHA, tres veces al día durante cada comida. El hallazgo más importante de este estudio fue que la suplementación con omega-3 a corto plazo (7 días) antes de una sesión aguda de ejercicio extenuante de resistencia puede reducir el estrés oxidativo posterior al ejercicio, atenuando el aumento de los niveles plasmáticos de malondialdehído. Además, parece atenuar el aumento de los valores de creatina quinasa que se observan normalmente tras el ejercicio de resistencia. [2]

En un ensayo clínico abordado paralelamente sobre depresión y bipolaridad, la suplementación con 2 g diarios de omega 3 (1,4 g de EPA y 0,2 g de DHA) mejoró la sintomatología clínica de ambos trastornos. [3]

El deporte competitivo genera altos niveles de estrés y ansiedad que pueden disminuir el rendimiento y aumentar el riesgo de lesión. Los beneficios del Omega-3 en el entrenamiento son bien conocidos, pero hay pocos datos disponibles sobre otros ingredientes, como la Schisandra chinensis, de especial atención por su sinergía con los omega-3.

Los compuestos bioactivos extraídos de S. chinensis son denominados lignanos de tipo dibenzociclooctadieno, entre los que destacan las esquisandrias. Se han demostrado sus efectos sobre el músculo esquelético, tejido adiposo, metabolismo de carbohidratos y los niveles de testosterona y cortisol sanguíneos, teniendo efectos hepatoprotectores, antiinflamatorios, antioxidantes y antineoplásicos. [4] Estos lignanos son conocidos por sus propiedades adaptógenas, es decir, que aumentan el rendimiento físico y mental. Las esquisandrinas y gomisinas también son conocidas por sus propiedades antiinflamatorias, logrando una sinergia con los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA.

En un estudio piloto, se suplementó por tres meses a un grupo de 15 jugadores profesionales de baloncesto de entre 18 y 36 años con una dosis de 5 ml diarios de 1125 mg de ácidos grasos Omega-3 (690 mg EPA y 435 mg DHA), 200 mg de extracto de Schisandra chinensis y 15 µg de vitamina D3. En la mayoría de los deportistas se observó una disminución del estrés y ansiedad, un aumento de la autoconfianza. Además, no se registraron efectos adversos. [5]

La suplementación con ácidos grasos poliinsaturados Omega-3 se ha propuesto recientemente como ayuda ergogénica para los atletas, ya que ejercen propiedades antiinflamatorias y actúan para cambiar la capacidad funcional de la célula muscular modificando la fluidez de la membrana de proteínas y lípidos. Por su parte, el extracto de Schisandra interviene en la inmunidad y la inflamación, favorece el metabolismo hepático, mejora la fatiga y regula la función de los receptores de esteroides. Por lo tanto, también constituye una buena ayuda para el ejercicio, que se suma a los efectos beneficiosos del omega-3. [6]

En un estudio clínico, se observó la eficacia sobre las agujetas del consumo de 1546 mg de omega-3 (551 mg de EPA y 551 mg de DHA) dos veces al día en comparación con un placebo a base de proteínas. A partir del día 20, se observó un efecto beneficioso moderado sobre la fatiga, lo que se tradujo en un mejor mantenimiento de la potencia explosiva en jugadores de élite de Rugby durante los entrenamientos de pretemporada. [7]

En un ensayo clínico doble-ciego aleatorizado, se seleccionaron 65 mujeres para evaluar los efectos de la suplementación con extracto de Schisandra para evaluar el efecto de la suplementación sobre la fuerza muscular del cuádriceps y el lactato en reposo, indicador de fatiga muscular. Durante 12 semanas, consumieron 1000 mg de extracto de Schisandra o de almidón, en el caso del grupo placebo. Los resultados arrojaron una mayor fuerza muscular del cuádriceps y menores niveles de lactato en reposo respecto al grupo placebo. [8]

El sueño es una parte integral del proceso de recuperación y adaptación entre sesiones de ejercicio. Cada vez hay más pruebas que sugieren que el aumento de la duración y la mejora de la calidad del sueño en los deportistas están asociados a un mayor rendimiento y éxito competitivo. Además, dormir mejor puede reducir el riesgo de lesiones y enfermedades en los deportistas, optimizando la salud y mejorando potencialmente el rendimiento. [9] En este ensayo doble-ciego y controlado con placebo, se investigaron los efectos de un aceite enriquecido en DHA (900 mg de DHA y 270 mg de EPA al día) o en EPA (360 mg de DHA y 900 mg de EPA al día) sobre la calidad del sueño en adultos sanos que consumían habitualmente cantidades bajas de pescado azul. Con el aceite rico en DHA los sujetos se sintieron menos energéticos y descansados. Por su parte, la suplementación con el aceite rico en EPA aumentó la eficacia del sueño y se observó una disminución significativa tanto del tiempo total en la cama, como del tiempo total de sueño en comparación con el aceite rico en DHA. [10]

 

 

  1. Jouris, K. B., et al. (2011): Journal of sports science & medicine, 10(3), 432
  2. Atashak, S., et al. (2013): Kinesiology45(1), 22-29
  3. Arnold, L. E., et al. (2017): Journal of child and adolescent psychopharmacology27(3), 223-233
  4. Leis, K., et al. (2020): Science & Sports35(5), 271-278
  5. Belluzzi, A., Lembke, P., et al. (2020): Annals of Applied Sport Science8(1), 0-0
  6. Hong, B. S., et al. (2021): Physical Activity and Nutrition25(4), 38
  7. Black, K. E., et al. (2018): European journal of sport science18(10), 1357-1367
  8. Park, J., et al. (2020): International Journal of Environmental Research and Public Health17(7), 2475
  9. Watson, A. M. (2017): Current sports medicine reports16(6), 413-418
  10. Patan, M. J., et al. (2021): Nutrients13(1), 248